Prefiere tejidos translúcidos con trama visible que rompa el punto especular, pero permita que la dirección sobreviva. Ajusta la distancia entre cristal y tela para controlar contraste y patrón. Superponer dos visillos con densidades distintas ofrece un gradiente precioso. Si aparece dominante azul, compénsala con superficies cálidas cercanas. Evita estampados muy marcados, porque pueden proyectar sombras indeseadas en piel o paredes.
Un reflector dorado suave, satinado más que espejo, devuelve una luz cremosamente cálida a sombras sin volverlas naranjas. Si no tienes uno, cartón pluma con papel aluminio teñido con un velo de spray ámbar funciona sorprendentemente bien. Colócalo a metro y medio del sujeto para mantener relieve. Cambia ángulo y curvatura hasta ver brillos controlados y ojos vivos sin deslumbramientos.